Omega


El aire de Marzo era tibio y acogedor, los olores a mierda de caballo, las vacas que cruzaban la línea del tren expulsando uno que otro mojón, la paja quemada, el pan amasado de la esquina, los gritos de algún viejo loco que pasaba por ahí, sonidos típicos de San Fernando en la tarde lenta, con algo de fragancia suave que expulsaban los aromos cerca de la línea del tren y los sonidos del bosque siempre ocultos para la gente distraída. Con su estruendosa abundancia de sonidos, como, los ecos del bosque y el viento resoplando en el parron mal afirmado con unos palos comidos por las termitas, aderezados con la multitud de amigas de la Lila y viejas desconocidas para ella, al parecer eran de unas casas mas allá y esperaban ver al espectáculo natural de la vida. La Lila no quería esperar un momento mas, sudaba demasiado y estaba harta de los gritos de la lucha, la partera sorda, que con sus indicaciones: Que abrase po eñora´, relájese no ve que es la única forma de dar a luz como el santo patrono manda y la santa virgencita.Por mientras la Lila apretaba el rosario que tenia en su mano. Lo miraba y le suplicaba suerte a la virgen de Lo Urdes para su bebe, con fotos y pósters de cartón de la virgen a un costado de la pared de la casa.La Lila estaba con su mirada hacia el lado casi muerta, lánguida por el dolor que significaba su hija, su bebe, que con tal naturalidad venia quizá de dónde?

Cualquier sonido en ese momento retumbaba fuertemente en sus sentidos. Con sufrimiento en su cuerpo, agonizando. Sentía que la vida en ese momento era muy distinta, abriendo nuevas percepciones de la realidad, imágenes confusas, líneas paralelas y extraños universos, sintiendo lo que quiere decir mujer. Estaba sin su buen hombre, el que no quería tal entuerto ¿para qué? Parecía un problema para él, Ricardo un sencillo hombre de campo, que vivía en una choza pequeña con un par de ratones a un lado de la línea del tren. La soledad lo hacia buscar los más exquisitos sabores de la contemplación solitaria de un hombre viejo y bebedor de sus miedos. Su vida no había sido muy afortunada, con un par de hijos por algunas regiones del país y un mundo sin entender en su soledad. Bebía solo por el miedo que le producía la realidad, una especie de abismo una irrealidad ahora. Asustado por la ignorancia de su cuerpo y de su alma, excitando artificialmente ese calor que debía sentir en su cuerpo sutil y su alma. Produciendo una anestesia momentánea con el alcohol en sus sentidos para olvidar la presión de la realidad y de paso imaginar un carnaval de imágenes entre chiquillas buenas mozas y otras calenturas plásticas de un huaso solo, que masca tabaco parado cerca de la acequia cerca de su casucha escondida bajo los naranjos viejos llenos de polvo.-

2Al fin nació la bebe a sangre pato, como decía la Lucha, la partera sorda que no escuchaba los múltiples gritos de la Lila que empezaba a mejorarse ya. La llamaron Ana, debe ser por esa blanca piel y su cara angelical. Ana la hija de un huaso, sembrador de tabaco, sandias y otras cosas.1957, la niña ya con un año de vida, entre la miseria y el charco azulado de la ducha de atrás de su casa por donde se formaba un río de desperdicios y orina, con ese azul color por el jabón popeye que usaban para lavarle el poto y lavar los pañales que se ensuciaban con la caca.A veces Ana se ponía muy cerca del río, tan pequeña contemplando la mugre y la miseria que tenia que aguantar junto a sus medias muñecas de trapo que robaba de algún basurero o encontraba en los vertederos cercanos.

La Lila no aguanto más esa realidad y fue a buscar en calidad de responsable al Ricardo como el padre de la Ana. Pero, ella misma sabia que era un reconocimiento absurdo y burdo, por que sus calenturas eran innumerables entre matorrales y las zarzamoras con viejos con plata pa’ que le dieran algo pa’ comer.
Crecía la Ana con lentitud para luego ser enviada a la escuela publica de Placilla. Ya la Lila se había separado formalmente de Ricardo, también se dejaron de culiar entre los matorrales y la pieza chica de atrás de la caza del Ricardo.La Lila ya quería descubrir ese sueño tan campesino y contado por sus amigas “Santiago”, lo pensó mientras se despedía en la ultima noche con Ricardo en las sabanas con olor a cuerpo oxidado y ácaros bailando de un lado a otro en la cama. Fumándose un cigarro después del orgasmo, con total concentración, contemplando la oscura y hedionda pieza con olor a viejo y azomagado y las tablas cochinas polvorientas sin encerar.

Se sorprendía ella misma el estado contemplativo que le producía todo eso: el buen sexo, las nuevas prendas a la moda, anillos caros, un nuevo hombre quizá mejor dotado que el Ricardo, o un moreno fornido o un viejote blanco bien fortachón pa´ que la quisiera y le diera como caja.No se piense mas, al otro día pesco sus únicas pilchas y un par de calzones tiesos y mal labados de el cordel de atrás. ¿Destino? el extraño y doloroso Santiago donde las almas sufren y mutan transformaciones increíbles y aberrantes con enfermedades por todas las calles y la melancolía golpeando las puertas en la madrugada, con carnavales de fantasía muerta y descubrimientos ridículos entre asesinos y ladrones, como si de eso no se tratase la vida, con niños jugando a ser adultos hasta que se cansan y se opacan en la luz de la modernidad, muriendo antes que la muerte, buscando suerte en este tortuoso esquema de ansiedad y falsos brillos...